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9,3×62: Una brama diferente

El 4 de abril partimos para tentar fortuna en esta brama, yo llevaba el Sauer 9,3×62 con su mira Zeiss 2.510×50 y los binoculares Leica 8×30, equipo ya bien probado. El destino: un coto en la zona de El Durazno donde habíamos cazado jabalíes en noviembre y nos había recomendado un amigo. La cantidad de hembras de ciervo que habíamos visto nos indicaba que lo mas probable era que también hubiera machos, especialmente cuando comenzara el celo.

Llegamos el medio día y allí nos encontramos con dos amigos cazadores que también serían de la partida. La primera salida de la tarde nos aclaró el panorama: la brama ya había pasado en esta zona y se escuchaba algún ronquido solitario y espaciado.

Al día siguiente salimos antes del alba y tampoco se escuchaba nada. Caminamos dos horas y nada. En eso mi guía Marcelo, un pingazo, me indica un sembrado de sorgo que teníamos a la izquierda: “Mirá los chanchos”. En efecto a unos 100 metros se veían los lomos de 1,2,3..12 chanchos que se desplazaban comiendo. El sorgo les tapaba las jetas pero los lomos se notaban perfecto. “Vamos a entrarles!” le digo y nos metemos en el sembrado aprovechando el viento que venía perfecto. Los animales se movían subiendo una loma y nosotros le íbamos cortando el camino. Hicimos unos 300 mts. y los teníamos muy cerca, en eso un animal levanta la cabeza y nos descubre. Yo tenía el arma lista y le tiro a unos 20 metros de distancia (tiro difícil si los hay!). Gran revuelo y el bicho se queda en el lugar chillando: “Una chancha” me dije. En efecto, un animal que eviscerado pesó 89 kilos y era machorra.Gran alegría y foto de rigor. Cazar al acecho un chancho a las 8 de la mañana no se dá todos los días.

Contentos volvemos a las casas donde a mediodía nos esperaba un buen almuerzo. Siesta de rigor y salida a la tarde. Tampoco había brama por lo que decidimos cambiar el esquema: nos apostamos cuando caía el sol frente a una aguada para ver si aparecía algún astado a tomar agua. Marcelo tenía un visor térmico que fue de mucha utilidad, nos permitía ver si había algún animal que estuviera escondido atrás de la maleza y en efecto, a 150 metros dentro de un bosque se veía una mancha blanca que aparecía y se iba entre los árboles. El animal era un ciervo sin duda pero no se animaba a salir al limpio. Eran las 10.15 de la noche y… Oh sorpresa! aparece otro ciervo camino al agua. Con los binoculares lo veía bastante bien (a pesar de ser los 8×32 para montear de día) porque teníamos un 65% de luna. Cuando encaró hacia el agua le solté los 250 grains de la TTSX. Marcelo seguía la escena con el térmico. El animal corrió hacia la derecha unos 50 metros y se detuvo, se puso a temblar y se cayó, desapareciendo entre los pastos. Esperamos 10 minutos y lo fuimos a buscar. Cuando llegamos ya estaba muerto.

Un animal grande con una luchadera quebrada por algún accidente o combate. Mas que contentos esperamos la chata para llevarlo al rancho. Al día siguiente no salimos temprano sino que nos apostamos en otra aguada. Yo tenía la esperanza de cazar un buen padrillo.
Tuvimos un padrillito de 2 o3 años que estuvo 1 hora y media yendo y viniendo y comiendo maiz. Lo tuve en la mira varias veces pero no era la presa que buscaba .
Al día siguiente empacamos todo , le agradecimos a Valentín, el dueño de campo, por los buenos servicios prestado y emprendimos la vuelta.
Fué, como dije antes una brama diferente: cacé un jabalí de día y un ciervo con media luna!

Hernan Lapieza, Socio del SCI – Capitulo Argentino